
En un tiempo antes del tiempo, vivieron dos hermanos, y disfrutaron de la luz del Sol eterno, uno grangero, el otro un pastor. Los dos conocían a Dios, y Dios los contemplaba desde lo alto y los conocía y conocía lo que iba a acontecer. Estos dos hermanos se llamaban Caín y Abel nacidos de Adán y Eva. Dios les pidió un sacrificio y Caín ofreció la sangre de su hermano a Dios. Dejó que la sangre de su hermano sembrara la tierra y se reuniera con su creador en el cielo, mientras Caín labraba, ahora solo, con la sangre de su hermano en sus manos, nuestro Padre Oscuro pensó que comprendía a Dios. Pero Dios estaba enfadado: la Muerte era de su providencia, su don, no para que Caín la tomara, y así la oscuridad descendió sobre Caín.
En la oscuridad, Dios habló: “Caín has tomado mi don y serás maldecido por el. Su abraz, en tanto que el sol brille en mi gloria. Eres proscrito. Desterrado por toda la eternidad de mi luz, de la raza de Adán y Eva, y condenado a la sangre, la soberbia y la oscuridad. Ahora márchate, márchate para caminar por los yermos y sabe que existe una marca en tí, y todas mis criaturas conocerán esa marca. Tte evitarán, te temerán y nunca te darán la paz que deseas. Ahora márchate lejos de aquí, a la tierra de la nada. ”
En la puesta de sol, la sombra de Caín se apresuró a darle la bienvenida, y la Noche Eterna comenzó. Tres Ángeles acudieron a Caín y tres veces Caín los rechazó. Y tres veces repitieron la maldición de Dios. Caín caminó solo hasta que llegó a una choza, y dentro de ella, aguardaba Lilith, ella, como él, una proscrita. Sin embargo, ella se envolvió en la oscuridad como un chal, y enseñó a Caín a hacer lo mismo, sabiendo que desagradaría a Dios, dándole celos. Durante tres breves noches, Caín no conocío ni hambre ni dolor. Estaba completo, pero también maldito y Lilith sabía esto. Con el tiempo, se separaron, jurando regresar en noches lejanas para corregir los agravios que Dios les había inflingido.
Continuara….